
Sí, Nosotras de nuevo con ustedes después de una anhelada espera, pero siempre confiando en Dios y en la caridad de nuestros benefactores que nos ha permitido llegar a los lectores de esta publicación antes de que finalice el 2019.
Agradecemos las frases de aliento de todos aquellos que nos han escrito o nos han llamado preocupados por la continuidad de nuestra revista; ello nos estimula para continuar trabajando en aras de llegar a muchos amigos que en diferentes sitios nos buscan, leen y comparten nuestro quehacer.
Desde inicios del 2019, las labores del Movimiento continuaron con los encuentros mensuales teniendo como centro temas relacionados con los valores, autoestima, desarrollo humano, religiosidad popular y familia, entre otros. Como cada año en el convento de La Inmaculada, pudimos realizar el Taller Diocesano en los días 5 y 6 del mes de julio; en este escenario pudimos intercambiar experiencias como madres, abuelas, amas de casa y recibir temas de gran interés que indudablemente contribuyen a nuestra formación. Continuamos, además, trabajando en la promoción a la mujer marginada a través del taller La Esperanza donde reciben ayuda sicológica, asistencia legal y orientaciones sobre cómo poder enfrentar sus dificultades.
Próximos a la culminación de este año, pensamos en todo lo vivido: otro año difícil para nuestro país, para nosotros, con alegrías y tristezas que nos acercan más a Dios por medio de la oración. Aunque no podamos resolver tantas dificultades no debemos decaer ni mantenernos ajenas a este sufrimiento. Invoquemos siempre la misericordia de Dios y tengamos siempre presente que la oración es la que nos ayuda a sostener nuestras vidas.
Se acerca el mes de diciembre y con él, por supuesto, la celebración de la Navidad. Rogamos que Jesús-Niño renazca en nuestros corazones y en el hogar de cada familia cubana. Pedimos a Dios que nos ilumine el camino a seguir.
Hace más de dos mil años, un pequeño niño nació en Belén de Judá de una joven madre. Los ángeles anunciaron la noticia a los sencillos pastores; ellos la acogieron y fueron a ver si era verdad lo que les habían dicho. Salieron pues y encontraron a un niño, como otro niño cualquiera, envuelto en pañales pero ellos vieron más allá, descubrieron a Jesús, el enviado del Padre. Dios siempre sabe lo que hace. (leer)
De aquellos años de mi infancia se han quedado en mi memoria los olores que se percibían por las calles y dentro de las casas de mi querida Habana. Recuerdo el olor a pintura acabadita de aplicar que generalmente percibía en los edificios y que iba sustituyendo al de la tradicional lechada de cal. Todo olía a nuevo.
El granito sustituyó al mosaico catalán y las ventanas "Miami", a pesar de que dejaban entrar menos aire, reemplazaron por completo a la multifuncional y vistosa ventana colonial. Rememoro muchas veces el olor fuerte a desinfectante o al de las hojas tiernas de los árboles cuando cruzaba por el Parque de la Fraternidad.
(leer)
Yo soy Zelfa, la que habló en medio de la multitud ¡Qué atrevida y arriesgada fui! Por entonces la situación de la mujer era mucho más humillante que ahora. Ni siquiera nuestros esposos nos dirigían la palabra en público, era abajarse demasiado. Pero me preguntarán: ¿Cómo es que yo estaba entre aquella multitud y cómo es que me atreví a hablarle nada menos que a Jesús, el Maestro, en público? Tengo que agradecerle al evangelista Lucas quien no estando presente recogió esta tradición oral, de las primitivas comunidades cristianas.(leer artículo)






